Las calles deI10 vision de paraisol centro histórico se encontraban vacías, ya que los establecimientos y hogares con acceso a la transmisión de la final del mundial se encontraban repletos de espectadores ansiosos por conocer al nuevo campeón: Alemania o Argentina.

 

Tenía frío. Mi cabeza afeitada, mis hombros y espalda descubiertos sentían el aire sobre ellos. Seguro al día siguiente despertaría con gripa o tos, sin embargo; no me interesaba cubrirme me era más importante lucir bien ¡Curioso día para tener una cita! Estaba por conocerlo, llevaba dos meses hablando con él por internet ¡Que nervios!

     Lo esperaba con ansiedad, de pronto lo vi venir. Era un joven bastante alto y delgado. Le sonreí.

   -Ven, vamos por un café. Quiero ver la final del mundial. Me lo dijo como si me conociera de años, sin duda no era lo primero que deseaba escuchar.

   -Está bien. Respondí, con desilusión.

   Caminamos unas cuantas cuadras desérticas, hasta llegar a un café bastante lujoso. Entramos y nos sentamos casi enfrente de la pantalla. No hubo diálogo alguno en el camino, era incómodo.

   Nos sentamos. Leí el menú. Había bastantes nombres desconocidos de alimentos y bebidas. Algunos impronunciables para mí.

   -Luces más caliente en vivo que en tus fotos. Ese corte a rapa te hace ver más hot. Lo único malo, es que no podré jalarte el pelo- Dijo de la nada -Aunque por suerte puedo jalarte de otra parte. Introdujo su mano en mi pantalón y comenzó a jalar fuertemente mis vellos púbicos. Era doloroso, pero sumamente excitante.

     -Buenas tardes ¿puedo tomar su orden? – Preguntó el mesero. Sin duda, vio lo que sucedía, sin embargo, se quedó ahí parado esperando nuestra orden mientras no dejaba de jalarme.

   -Un café americano, por favor. Era lo único que conocía y podía pronunciar.

   -Yo estoy bien así. Gracias.

     Se retiró el mesero asombrado y volvió a dejarnos solos en aquella mesita de madera fina. Algunas personas comenzaron a voltear, mi cara estaba roja; era obvia la excitación.

   -Veamos el partido. Saco su mano y le prestó atención al juego.

   Pasaron unos minutos y el mesero volvió con la orden. Se notaba en su cara morbo y curiosidad, sin embargo, para su desilusión no estábamos haciendo nada.

   Bebí el café mientras él y el resto del mundo veían el partido. De pronto se escuchó un ¡Goooooooool! En todo el café, en toda la ciudad, en todo el país; en todo el mundo. ¡Gol de Alemania! Mi acompañante estaba molesto.

   -Bébete ese café sin decir nada por favor, vamos se obediente- Obedecí.

   Se terminó el partido sin otro gol. Alemania era ganadora.

   - ¡Mesero, la cuenta por favor! Gritó impaciente -Es hora de ir al lugar acordado.

   Le sonreí. Debajo de la mesa se encontraba su maleta y sacó un collar de cuero con una cadena. Comenzó a ponérmelo en el cuello cuando el mesero llegó. -Aquí tiene la cuenta- dijo nervioso y sonrojado.

   Mi nuevo amo pagó en efectivo con billetes y unas cuantas monedas -Quédate con el cambio- Le dijo enérgicamente. Nos levantamos y salimos silenciosamente. Yo con el collar y él con la cadena en la mano. Todo el mundo miraba asombrado.

   - ¿Aún estás de acuerdo en ir a aquel lugar? Conozco uno detrás de aquí.

   -Claro, fue mi idea.

   Con el collar y la cadena caminamos detrás del café. La poca gente que se encontraba en las calles murmuraba al vernos. Llegamos a un local bastante descuidado con unas letras enormes que anunciaban: CINE XXX.

   Pagamos dos boletos en la taquilla.

   -Su identificación por favor- Me dijo el guardia de seguridad, insinuando que existía algo ilegal. Mi amo era joven, pero yo lucía mucho más. Saqué mi identificación sin problemas- Sí soy mayor de edad eh, aunque a mis 23 años luzco más peque- dije con un tono gracioso. Al guardia no le pareció divertido, era bastante mal encarado. En fin, nos dejó pasar.

   Recorrimos un pasillo bastante obscuro. Subimos unas escaleras y entramos a la sala.

   Era una sala de cine cualquiera, sin embargo, la proyección era una cinta bastante guarra: Dos chicas follando analmente con dildos morados mientras otra sostenía una cámara y fotografiaba toda la acción. Nadie veía la película. Todos ya sea en las butacas o de pie en los pasillos, estaban fornicando.

   En cuanto entramos todos voltearon a vernos. Recorrimos los pasillos tratando de no tropezar en la obscuridad y nos sentamos en la esquina de la parte superior. Un hombre nos volteaba a ver sin expresión mientras una chica le practica sexo oral intensamente.

   Me senté en la butaca. Mi amo jaló la cadena y posteriormente bajó mis pantalones. Se hincó y comenzó a mover su lengua en círculos alrededor de toda mi vulva. De pronto se sentó a mi lado y sacó un pene descomunal. -Es tu turno- Ordenó, jalando de la cadena para acercar mi boca a su miembro. Comencé a saciarme con ansias - ¡No tan rápido, perra! No me quiero venir tan pronto- Bajé la velocidad y comencé a mover mi lengua en ochos de la base hasta la punta. -Vaya que eres golosa, me la pones súper dura.

   Jaló la cadena y retiro mi cabeza. Varios habían dejado de follar por vernos.

   Se colocó un condón y me puso en cuatro en la butaca. Detrás había una pareja. Ambos comenzaron a besarse mientras acariciaban mi cabeza rapada.  

   Mi amo sacó un flogger, comenzó a azotarme la espalda y posteriormente mis nalgas. La pareja no dejaba de acariciarme y besarse. Podía sentir cómo las puntas del flogger enrojecían mi cuerpo. De pronto mi vulva comió su pene. La butaca estaba llena de fluidos, goteaba como una cascada, babeaba como una perra. Hubo un momento donde desconocí si los gemidos provenían de la pantalla o de la sala, de las otras personas o de mí.

   La visión se me nubló, era momento del gran gol. Toda la sangre se concentró en una zona, mi clítoris se puso durísimo. Comencé a sentir contracciones tan fuertes que mis músculos vaginales hacían una bomba de vació. Grité “¡Gooooooooool!” Me corrí y quedé exhausta.

   Mi amo sacó su pene, sentí caer su semen tibio sobre mi espalda. Con el flogger comenzó a embarrarlo sobre toda mi espalda y nalgas. Estaba exhausta, apenas podía respirar.

   Nos reincorporamos en las butacas después de unos minutos. La pareja de atrás hizo lo mismo. Era una visión de paraíso: todos follando o follados en la misma sala, todos oliendo a sexo, todos gozando como una gran familia.

   Me quitó el collar y me ordenó que me vistiera. Vestidos, salimos del cine sonrientes y desalineados.

   -Bien nena, somos de pocas palabras, pero de mucha acción. Me tienes muy sorprendido. Me gustaría repetirlo ¿te parece si en la semana hablamos por internet y quedamos para otra sesión? ¿Quizás algo más privado?

   -Claro, a mí también me gustó. Para ser la primera vez estuvo espectacular.

   Me besó con ternura los labios y me dijo -Recuerda, lo que pasa en el cine porno se queda en el cine porno, eh- Le sonreí.

   -Ve a casa. Me avisas cuando llegues ¿Ok?

   -Claro.

   Nos volvimos a besar y cada quien camino en dirección contraria para llegar a su hogar.

Autora. Velvet mania.

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